La Fórmula Contra el Alzheimer: Un Paso Por Delante de la Demencia

ANTÍDOTO: una palabra clave para recordar los 14 factores de riesgo asociados al Alzheimer. Ilustración: Anthony Bortolin y Heidi Herbawi.

Traducido por Meritxell Wu-Lu

El Alzheimer es el tipo de demencia más común afectando actualmente a más de 57 millones de personas en todo el mundo. Y la cifra sigue aumentando, en parte porque cada vez vivimos más años. Vivir de cerca esta enfermedad significa ver cómo, con el tiempo, la memoria y otras capacidades cognitivas pueden deteriorarse, hasta llegar a dificultar algunas tareas cotidianas.

Aunque todavía no existe una cura que detenga por completo el avance del Alzheimer, la buena noticia es que disponemos de herramientas para hacerle frente. Es cierto que el paso de los años es el principal factor de riesgo, pero cumplir años no significa ni mucho menos acabar desarrollando demencia.

Al igual que cuidamos nuestra salud general para prevenir muchas otras enfermedades, con el Alzheimer podemos hacer algo parecido: parte de nuestra salud cognitiva depende de factores sobre los que podemos influir a lo largo de la vida.

Y aquí viene lo interesante. En 2024, la Comisión Lancet puso el foco en algo clave: identificó 14 factores de riesgo asociados a la demencia sobre los que podemos actuar. De esta manera, según las estimaciones de los expertos, se podría prevenir o retrasar una proporción importante de los casos de demencia.

Como memorizar tantos datos de golpe puede abrumar a cualquiera, hemos agrupado toda la información en una regla mnemotécnica muy intuitiva con la palabra ANTÍDOTO. De este modo, cada letra nos sirve para recordar todo lo que conviene cuidar: Aislamiento social, Abuso del Alcohol, Aire contaminado, Niveles elevados de colesterol, Nivel educativo más bajo, Tabaquismo, Inactividad física, Depresión, Diabetes, Daño vascular, Oír mal, Ojos con problemas de visión, Traumatismo craneal, y Obesidad.

A – Aislamiento social; Abuso del alcohol; Aire contaminado

El aislamiento social, ya sea por un contacto poco frecuente con otras personas o por una red social limitada, se asocia con una peor salud cognitiva. Mantenerse socialmente activo, por ejemplo, quedando con amigos, pasando tiempo con la familia o participando en actividades comunitarias, talleres o voluntariados, puede ayudar a proteger la salud cognitiva.

El abuso del alcohol puede afectar a la salud cerebral, ya que un consumo excesivo puede dañar el cerebro, favorecer la inflamación y contribuir a déficits de nutrientes importantes, como la tiamina (vitamina B1). Además, también puede aumentar el riesgo de sufrir un ictus, hipertensión y otros problemas vasculares. Además, aún sin desarrollar estos problemas, el consumo excesivo de alcohol puede afectar a la memoria y la agilidad mental. Por eso, para cuidar la salud cerebral, lo recomendable sería evitar el consumo excesivo y, si se bebíera, hacerlo con moderación.

Algo parecido ocurre con el aire contaminado, ya que también se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar demencia con el paso de los años. La exposición prolongada a concentraciones elevadas de contaminantes como las partículas finas (PM2.5), como ahora las derivadas del tráfico, puede favorecer la inflamación y afectar a la salud cardiovascular, lo que también puede favorecer el riesgo de Alzheimer. Para reducir esta exposición, se recomienda usar purificadores de aire en casa, consultar los avisos sobre la calidad del aire antes de salir o evitar las zonas de tráfico intenso siempre que sea posible ya que todo ello puede ayudar a reducir la cantidad de contaminantes a la que estamos expuestos.

N – Niveles altos de colesterol, Nivel educativo bajo o limitado

Hoy sabemos que tener niveles altos de colesterol, especialmente el colesterol “malo” (LDL), entre los 40 y 65 años puede aumentar las probabilidades de desarrollar Alzheimer. Mantenerlo bajo control es beneficioso para la salud en general y también para el cerebro. Hacer ejercicio de forma regular, cuidar el peso, seguir una alimentación saludable, como la dieta mediterránea, y tratar el colesterol alto puede ayudar a mantener unos niveles saludables.

Por otro lado, un nivel educativo más bajo se ha asociado con una mayor probabilidad de desarrollar demencia. Y te preguntarás, ¿por qué? La educación y el aprendizaje ayudan a desarrollar recursos y habilidades cognitivas que pueden resultar útiles a medida que cumplimos años. Y lo mejor es que esto no se acaba en la escuela: podemos seguir aprendiendo a cualquier edad. Buscar una nueva afición, hacer puzles, leer o incluso adquirir nuevas habilidades, como aprender un nuevo idioma, son formas sencillas y entretenidas de mantener la mente activa. Nunca es tarde para seguir aprendiendo.

T – Tabaquismo

El tabaquismo, o bien fumar cualquier sustancia expone al cerebro a sustancias químicas perjudiciales y puede afectar a su salud. Dejar de fumar y reducir la exposición al humo son pasos importantes para proteger nuestra salud a largo plazo.

I – Inactividad física

La inactividad física, la falta de ejercicio físico o llevar una vida sedentaria no solo afecta a nuestro cuerpo, sino también a nuestro cerebro. Hacer ejercicio de forma regular es importante para mantener una buena salud cerebral, ya que mejora el riego sanguíneo y puede ayudar a reducir la inflamación. Caminar, hacer ejercicios de fuerza o simplemente incorporar actividades más dinámicas a nuestro día a día son buenas formas de mantenernos activos. Intentar hacer ejercicio de intensidad moderada unos 30 minutos al día puede ayudar a cuidar nuestra salud y mantener el cerebro en buen estado.

D – Depresión; Diabetes; Daño vascular

La depresión también se relaciona con la salud cognitiva. Las personas con antecedentes de depresión, especialmente cuando esta es persistente o recurrente, presentan un mayor riesgo de desarrollar demencia en etapas posteriores de la vida. Esto no significa que haber pasado por una depresión determine que una persona vaya a desarrollar demencia, pero sí que identificarla y recibir el tratamiento adecuado puede ser una parte importante del cuidado de la salud mental y cognitiva a largo plazo.

La diabetes es uno de los factores de riesgo modificables más importantes del Alzheimer. Las personas con diabetes presentan un riesgo considerablemente mayor de desarrollar Alzheimer u otros tipos de demencia relacionados con problemas de riego sanguíneo (demencia vascular) que las personas que no las tienen. Por lo tanto, prevenirla y mantenerla bajo control puede contribuir a proteger la salud cerebral y a reducir las probabilidades de desarrollar estas enfermedades.

El daño vascular, derivado de problemas como la hipertensión o los problemas de circulación, puede afectar a los vasos sanguíneos del cerebro y reducir el flujo de sangre que llega a él. Cuando esto ocurre, pueden producirse pequeños ictus y otras lesiones cerebrales que, con el tiempo, pueden contribuir al desarrollo de Alzheimer y otras demencias. Estos problemas vasculares pueden aparecer por sí solos o junto a otros factores de riesgo, como la diabetes o el tabaquismo.

O – Oír mal; Ojos con problemas de visión

Oír mal debido a una pérdida auditiva no tratada se asocia con un mayor riesgo de desarrollar demencia y Alzheimer. Utilizar audífonos puede ayudar a reducir este riesgo y a mantener una mejor conexión con nuestro entorno.

Del mismo modo, tener problemas de visión, especialmente cuando la pérdida visual no está corregida, existe una mayor probabilidad de desarrollar Alzheimer. La pérdida de visión puede reducir la estimulación visual que recibe el cerebro, por lo que cuidar la salud ocular y corregir los problemas de visión cuando sea posible puede contribuir a una buena salud cerebral.

T – Traumatismo craneal

El traumatismo craneal, especialmente cuando se producen golpes repetidos en la cabeza, puede dañar el cerebro y se ha relacionado con una mayor probabilidad de desarrollar Alzheimer. Para reducir este riesgo, es importante tomar medidas para prevenir caídas y utilizar casco y cinturón de seguridad cuando sea necesario, por ejemplo, al montar en bici o patinete o al viajar en coche.

O – Obesidad

La obesidad y el sobrepeso, especialmente en la mediana edad, se relacionan con un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer y otras demencias. El exceso de peso puede favorecer la inflamación, afectar a la salud vascular y aumentar el riesgo de desarrollar diabetes, factores que también pueden influir en la salud cerebral. Cuidar la alimentación, mantenerse activo y, siempre que sea posible, mantener un peso saludable son medidas que pueden contribuir a cuidar la salud cerebral y favorecer una buena salud a largo plazo.

Aunque el Alzheimer sigue siendo un gran reto médico y social, no esperemos de brazos cruzados. Tenemos en nuestras manos un ANTÍDOTO para cuidar nuestra salud cerebral. Incorporar hábitos saludables y prestar atención a estos factores puede ayudarnos a cuidar el cerebro y ganar en bienestar y calidad de vida con el paso de los años.